6 de julio de 2017

El mapa no es el territorio // C.A.L.L.E. Lavapiés 2017



Calle Fe, 15. Lavapiés, Madrid. 


Vídeo: https://www.instagram.com/p/BUAPkayAqLe/?taken-by=missgrandson

Este proyecto habla sobre las capas de conocimiento que definen la verdad. El lenguaje, el contexto, los patrones inconscientes, la experiencia previa y las creencias generan percepciones sobre un determinado asunto, tomándose por real e inamovible esta idea. La paradoja es que cada ser humano crea una “realidad” diferente. Llegamos a la conclusión de que la realidad no existe más allá de una superposición de “realidades”.Uso el mapa como imagen de un conjunto de datos universalmente tomados por objetivos, que sin embargo, ofrecen una información parcial sobre aquel territorio que representan. El proyecto parte de diferentes territorios y trasciende a otros niveles de conocimiento. Es un trabajo seriado que pretende explorar diferentes ubicaciones y realidades. O “realidades”.
En PNL, Programación Neuro–Lingüística, se usa este tópico para señalar que la palabra es una construcción mental, una representación.  Nuestra noción de la realidad está limitada por la estructura del lenguaje, la interpretación del sistema nervioso y el valor de la experiencia.  El lingüista Alfred Korzybski, padre de la neurolingüística, acuñó esta frase, “el mapa no es el territorio” como estandarte de esta disciplina. Nunca llega un mensaje a su receptor con la exactitud con la que salió de su emisor, esto es imposible.
La misma idea llevada a la práctica del arte desarrolla Joseph Kosuth: la palabra, el mensaje, la fotografía…son siempre representaciones, nunca son la realidad en sí misma. Cualquiera de sus obras es una prueba de ello.
A nivel territorial, mi primera noción de esta divergencia ocurrió durante un viaje: en ningún mapa hablan de la humedad omnipresente de la ciudad que visité y que sin duda condicionó mi viaje. Hablo de mapas,  no de guías de viaje. El mapa es una imagen aceptada como objetiva y es sólo una, no es un cruce de varios canales de información. Es sólo una de las capas de la realidad en tres dimensiones. Y de todos modos, todas las realidades posibles no pueden ser vividas a la vez, de forma que es imposible de nuevo ser exactos o cubrir con un ángulo de 360º de “realidad” de ningún territorio, ni físico ni mental.



Lavapiés y CALLE
Una parte indispensable de asociarse justamente al territorio en esta intervención en concreto era reservar las secciones de papel, hilos y agujeros que sostuvieron la intervención inmediatamente anterior, la de Tejelaraña, que quedaron preservados bajo la pintura, pues tan importante es la intervención en sí como la piel que la sostiene. La cuadrícula de las calles fue ajustada al espacio que ocupé, poniendo el punto exacto en el centro de la imagen, pues realmente siempre nos encontramos en el mismo centro de nuestro propio mapa.
Los datos objetivos de la cartografía urbana fueron tergiversados por el trazado a mano, siempre cercano a la realidad pero nunca totalmente real. Tardé mucho tiempo en trazar las calles, pero este tiempo era indispensable porque suponía presencia física en el lugar, relación directa e interacción. Datos subjetivos que quedaron recogidos sólo en “mi mapa” de estos días. Así como la lluvia, que marcaba lapsos, obligaba a pausas y favorecía la observación (y sin embargo, es imposible de rastrear en el resultado final).
El color tiene el valor de los datos subjetivos que me atan a este barrio personalmente y se relacionan con mi propia simbología, enlazando, además, con mis intervenciones previas en la zona.  También con mi deseo durante años de vivir allí, que me lleva cada cierto tiempo a ir dejando pequeñas huellas en la ciudad, casi como haciendo una mudanza paulatina a base de proyectos y pintura.
Toda esta serie de inexactitudes provocadas y decisiones tomadas resultó en  “El mapa no es el territorio”.


El mapa siguiente
Tras varios días de trabajo, y a pocas horas de dejar Madrid, me sumé a los safaris de arte urbano que recorrían el domingo por la mañana las intervenciones del festival. Expliqué mi proyecto dos veces y caminando en el recorrido conocí a un hombre de Sáhara Occidental que me explicó que en su tierra los mapas se hacen en la memoria y los puntos que marcan son hitos vitales, no puntos geográficos. Creo que ya tengo claro sobre qué voy a trabajar en mi próxima intervención. 






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